Espiando a los enamorados
Tan sutil como el atardecer y tan infinito con el cielo... así debe ser.
Así fue lo que sentí al mirarlos, sonriendo, hablando y mirando un sol que no los quería dejar.
Con el corazón pequeño los observé y en silencio imaginé sus vida, imperfectas y felices.
Su futuro, la casa y hasta los vecinos. Las discusiones por el televisor y la reconciliación en la alcoba.
Quizás ella se llamara Alicia y el José, quizás no, quizás me lo invente; pero su historia en un segundo imaginé hasta que de nostalgia lloré.
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